En ocasiones, y más veces de las que nos gustaría, sobrevienen imprevistos con los que no contábamos, y que pueden de alguna manera desbaratar nuestros planes.

Lo que a mí me pasó en realidad, denominarlo imprevisto, es un eufemismo en toda regla. El 12 de enero mi madre murió tras estar varios días ingresada en el hospital. Sufría desde hace muchos años la enfermedad de Alzheimer, y una muerte común entre este tipo de enfermos es morir con los pulmones encharcados. No voy a entrar en términos médicos que no tienen importancia, pero seguro que alguno sabe lo duro que es ver morir a alguien que quieres, como si fuera un pez ahogándose fuera del agua.

Esto es evidentemente lo más trágico que me pasó en este inicio de año, pero no fue lo único. Del hospital me llevé de “regalo” un virus que me tuvo totalmente muda durante bastantes días. Alguién podría pensar, pero si parece una simple infección respiratoria típica del invierno, y en realidad está en lo cierto, es una tontería, pero cuando has perdido a un ser querido, lo que te apetece es hablar, y yo no podía.

Por si no fuera poco, se rompió una tubería de la calefacción en el piso de Bilbao, y se inundó todo el pasillo. Tuve que bloquear dos meses el calendario de alquiler en Airbnb para realizar las reparaciones, que en resumen consistieron en picar el suelo para repararlo, cambiar el parqué de todo el piso y volver a pintarlo completamente. Más de uno recordará con horror alguna chapuza que ha tenido que hacer en casa, y lo que ha tenido que lidiar con el seguro.

Además nos llamaron los propietarios del local donde vamos a abrir el hostel, porque los vecinos habían recibido un aviso de que se iba a construir un albergue turístico y una pequeña cafetería en su edificio. Se habían puesto nerviosos y querían una reunión de urgencia para recibir explicaciones. El asunto no pintaba nada bien.

Creo que me olvido de algo más de lo que sucedió en este “trepidante” mes de enero, pero mejor así.

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¿Por qué os cuento esto? Porque si algo he aprendido con tanta charla de emprendedores a la que he asistido y tanto curso, es la importancia que tiene que TÚ estés bien para poder emprender con éxito. Si tú no estás en plenas facultades, difícilmente tu negocio va a ir bien. Por ello es necesario parar para reflexionar sobre los daños que estos sucesos te han podido generar, porque si no pasas los duelos cuando debes, te pasarán factura más adelante. Esto es psicología, pero es una regla matemática como 2+2=4.

Al menos yo tengo esta certeza por experiencia propia. Al poco de cumplir 20 años, nos encontramos a mi padre muerto por un fallo respiratorio. Es un batacazo para cualquiera, pero recuerdo que no me salió ni una lágrima. También en aquel entonces y siendo tan joven mi “mochila” emocional estaba vacía y lo sobrellevé bastante bien, o eso creía yo, pero al cabo de 6 meses o así, sin más ni más, me ponía excesivamente nerviosa por cualquier contratiempo. Enseguida comprendí que no se puede engañar a los sentimientos, y que las cosas hay que pasarlas o saldrán de cualquier forma en otro momento.

Por esta experiencia que os cuento, si no paso ahora el duelo de mi madre, siento que me pasará factura dentro de unos meses, justo cuando abra el negocio, y eso puede ser mi suicidio empresarial. Por eso estoy concentrada en lamerme las heridas el tiempo necesario para recuperarme. Esto no quiere decir que haya dejado de trabajar en el proyecto, todo lo contrario, me viene bien porque me hace mucha ilusión. Además el curso de Capacita-T que comencé hace dos meses y que os comenté en mi post formación, me ha venido como anillo al dedo. Se trata de unas sesiones dirigidas por la coach Yolanda Cañizares, que tratan de mostrar los recursos internos que todos tenemos para afrontar las situaciones que parecen complejas tanto en nuestra vida personal como profesional.

Mi manera de pasar los duelos es hablarlos y sentir la pérdida. Para eso está la pareja, la familia y tus mejores amigos. No es fácil encontrar con quien hablar la verdad. Hay poca gente que quiere escuchar cómo te sientes después de un palo como este.

Muchas personas cercanas me han preguntado cómo me siento tras el fallecimiento de mi madre, pero rara vez lo he podido contar. De todas las personas que me preguntan, será un reducido 10% el que me pregunta y escucha. El 90% restante, cuando me pregunta no me deja tiempo de decir ni una sola palabra, contestan ellos por mí, y en muchos casos  acto seguido, continuan el monólogo con una experiencia similar que les sucedió o de alguien que conocen, porque como me dicen, me entienden perfectamente. Y yo me pregunto, ¿Cómo me van a entender si no me han dejado ni hablar? Está claro que a muy poca gente le gusta escuchar lo que tienen que decir los demás, y lo entiendo, pero por favor si no te gusta escuchar, ¿por qué te tiras media hora contándole tus miserias a la pobre que acaba de perder a su madre? Como si escuchar sucesos similares pudieran reducir mi dolor.

Esto puede parecer una crítica, pero no lo es. En realidad lo único que creo, es que la gente se siente incómoda cuando le pregunta a alguien algo tan doloroso, y se ponen nerviosos y se desahogan no parando de hablar. Lo cierto es que respeto enormemente a las personas que prefieren no preguntar. Es un tema peliagudo, y no es como preguntar a ver que tal estás después de una gripe.

Me alegra tener la familia y amigos que tengo, porque ellos tienen esa cualidad cada vez más caída en desuso que es escuchar, pero sobre todo me siento orgullosa de mi marido David, porque se volcó totalmente en mí y en que me encontrara bien. He sido “caballito blanco” y creo que sigo siéndolo todavía.  Estas son las cosas que realmente importan y de las que me sentiré eternamente agradecida.

Dos meses después del fallecimiento de mi madre, puedo decir que me siento con más fuerzas para empezar con esta nueva aventura de emprender. Mi madre me va a servir de inspiración, porque ella se encargaba de todas las gestiones de un negocio familiar de hospedería en Noja cuando era joven y por lo que me cuenta mi tía, lo hacía muy bien. Espero haber heredado esa capacidad emprendedora y no el gen del Alzheimer…

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